Archivo para junio, 2012

Retch Better Keb – Parte 4

Posted in Cuento on junio 20, 2012 by alanasm

—Perdona la tardanza, Herbert, me entretuvieron un poco.

—Hola, Kurt, ¿cómo te va?

—Qué frío estás. ¿Te encuentras bien?

—No. hay algo que necesito decirte.

— ¿Qué pasa?

— ¿Recuerdas cómo murieron mis padres?

—Sí, hubo una explosión.

—Eso no pasó.

— ¿Entonces?

—Yo tuve la culpa

— ¡Cómo crees!, no digas eso.

—En serio.

—Tranquilo, todo estará bien.

—No, no estará bien.

—Toma tu té, anda.

—No me toques.

—Respira

— ¡Que no me toques!

 

 

Hace dos días que no veo a Herbert. Espero no haya intentado otra vez… ¡Ah!, aquí viene.

—Discúlpame, Kurt, no sé qué pasó—. Nuevamente trae la cara lastimada.

—No has sido el primero en dejarme un ojo morado. ¿Ya tomaste…?— le digo al extenderle un vaso con agua.

—Sí, antes de venir a verte—. Lo observo tranquilo, sin embargo me aterra su mirada.

—Bueno, ¿cómo te sientes?

—No lo sé, he tenido unos sueños perturbadores—. No me mira a los ojos, es la primera vez que lo hace. Contempla la habitación, mis libros, estatuas y fotos.

— ¿Qué clases de sueños? —le pregunto mientras camina hacia la ventana.

—Es un hermoso día. Tienes una vista preciosa, en ni cuarto no veo nada.

—Herbert, ¿qué has soñado? — insisto.

—Ah, sueño con mis padres y mi hermano… No estamos en el castillo de la colina. Me veo como cuando tuve 10 años. Hay días que sólo es eso. Otras veces me veo nadando en un lago rojo— no deja de mirar hacia afuera—. Y luego está…esa situación.

— ¿Cuál situación, Herbert?— camina hacia la mesa, vuelve a tomar asiento y me ve a los ojos. Me pesa su mirada, muy distinta a otras veces.

—Estoy en un edificio muy grande, vivimos muchas personas; cada familia en un cuarto distinto. Me da asco, no tengo sirvientes que me aseen ni gente bajo mis órdenes.

—Dime, ¿en qué año estamos?

—Cómo me preguntas eso… No ves que las personas están emocionadas por la entrada del nuevo mileno, el famoso siglo XX.

—Entiendo.

—Yo tuve la culpa —dice mientras baja la mirada y aprieta sus manos. Sigue con los vendajes, un poco deshilachados.

— ¿Qué pasó con tus brazaletes?

—Quise quitármelos, me lastiman las muñecas y comencé a morderlos.

—Sabes que no debes hacerlo. Platícame, ¿de qué eres culpable? —di un trago a mi café, además de su sabor quemado que raspa mi garganta y está frío.

—Desayunamos madre, Lloyd mi hermano y yo antes de lo acostumbrado, porque padre llegaba de viaje. Estábamos cada vez más ansiosos, no lo habíamos visto y la diligencia tardaba. Pasaron días y madre no tenía noticias al respecto. Comenzó a sentirse sola, triste, la mansión no era ya la misma—Herbert habla de manera pausada, tiene los ojos cerrados como si viera dentro de sí lo que pasó—. Los días se volvieron meses, años. Ahora yo tenía a cargo las empresas de padre. Madre volvió a casarse con ese Lord que despreciaba a mi hermano, pero a mí me traba como si en verdad fuera su hijo. Un día, que llegaba de cacería, un hombre caminaba con madre, en su mirada veía tristeza y mi hermano adentrándose en el bosque. Pedí que guardaran mi caballo y corrí para alcanzarlos. Oí un grito de madre. Corrí y vi una cabaña. Entré, madre estaba arrodillada llorando sobre el cuerpo de mi padrastro— Ahora Herbert habla con mayor rapidez y fuerza—. El hombre me miró, lo reconocí, por fin veía a padre, mi verdadero padre. Intenté abrazarlo, pero me apuntó con su pistola, llamándome bastardo.

— ¿Por qué te callas, qué pasa?

—Lo demás es muy difuso, veo a madre, padre y Lloyd en el suelo; yo cubierto de sangre con una pistola en la mano—. Me voltea a ver, sus ojos están cubiertos de lágrimas. Ahora es una pistola lo que trae en la mano.

—Herbert, necesito que descanses. Tranquilízate, no quiero que lastimes a otra persona.

 

Camino hacia la puerta, lo miro, de nuevo voltea hacia la ventana. Salgo del cuarto.

 

—Procura no hablar con él, está muy sensible y puede ser fatal.

—Sí, doctor— me contesta la enfermera de Herbert.

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